lunes, 8 de diciembre de 2008

Mi confrontación con la docencia

Cuando hace muchos ayeres jugaba con mis amigas a ser adultas, mi profesión idel era la de secretaria, en aquel entonces, mi tía Tere desempeñaba esa profesión, me asombraba tanto verla en pantimedias con tacones altos y traje sastre que siempre quise hacer lo que ella hacia. Así que durante mi infancia me soñaba frente a un escritorio escribiendo a maquina y contestando el teléfono. Después en mi adolescencia estaba tan ocupada en otras cosas que creo que no tuve inquietudes profesionales. Cuando egrese de secundaria, fue tan rápido que cuando menos pensé ya era hora de elegir el bachillerato a seguir, elegí estudiar en CBTis 117 en la especialidad de administración que en su momento y para ser franca era la moda en aquel entonces. Pero no pude haber elegido mejor.

A punto de concluir mi educación Media Superior y por influencia del resultado de un test profesiográfico decidí ser contadora. Así que entre al Instituto Tecnológico de Ciudad Cuauhtémoc. En el segundo semestre de la carrera resultaba difícil para mis padres el proporcionarme apoyo económico para mis estudios, gracias al apoyo de un compañero conseguí trabajo como auxiliar administrativa en una constructora. Por situaciones que ya ni recuerdo, la constructora cerro, así que me quede de momento sin empleo. Por azares del destino en esa semana vi a una amiga de mi madre que trabajaba como maestra en una escuela secundaria particular, sabedora de mi situación me invito a llevar solicitud para impartir materias del área de contabilidad, fui aceptaba y es donde empecé esta odisea.
Recuerdo el primer día que cruce el portón para entrar a la escuela, me temblaban las piernas y me moría de nervios, enfrentarme en ese momento a un grupo de alumnos que en su mayoría habían reprobado de otras escuelas y que entraban a esa escuela para concluir sus estudios no por gusto propio sino por imposición de sus padres. No se como me domine y entre al salón de clases. ¡Eran solo 20 pero a mi me pareció que eran 200! Respire profundo y me presente. No pasaron ni 10 minutos cuando ya me sentía como pez bajo el agua. Todavía me asombro de mi misma por la rapidez con que me adapte. Gracias a esa experiencia comprendí que contaba con la habilidad de enseñar.

A los pocos meses conseguí trabajo en un despacho contable pero no pude desprenderme de la secundaria, así que combinaba los dos trabajos y mis estudios hasta donde me fue posible. Tuve que tomar decisiones y me quede con el trabajo que me iba a dar tablas en mi profesión: el despacho contable a la par con mi escuela. No tarde mucho en acomodar mi horario para poder impartir clases en una preparatoria nocturna de la localidad, porque extrañaba realmente la docencia y aparte porque un apoyo económico no esta de mas.
Llego el momento de egresar y de aspirar a un mejor trabajo, así que solicite empleo en varias partes y me llamaron de una fabrica que en ese entonces era una gran oportunidad. A casi dos años de estar trabajando, por platica con una conocida de la familia, me enteré que el director de la escuela secundaria donde labore era ahora el encargado de Servicios Administrativos del CBTis 117 y que estaban solicitando a un profesor. La verdad en aquel entonces no quería dejar mi trabajo, pero se me ocurrió llevar mis papeles y esperar. No esperaba lo que paso, resulta que a 3 meses de haber llevado papeles me llaman y me dicen que mis papeles fueron aceptados, que tengo que presentarme a trabajar. Todo fue tan rápido y sorpresivo que no estaba preparada para tomar decisiones, así que empecé combinando ambos trabajos.
Cuando ingrese al CBTis, cubrí una incapacidad de una maestra que impartía la materia de desarrollo motivacional. Fue un gran reto para mi ya que las materias que había impartido eran básicamente las contabilidades. Fue una materia adorable, que gracias a ella y cuando se llego el momento de decidir entre mis dos empleos, decidí por la docencia. El estar frente a esos grupos, contagiándome de su juventud y yo contagiándolos de mi energía, formamos grandes lazos que hasta la fecha perduran.
Al momento no me he arrepentido de mi decisión, de hecho hace un par de años solicite un permiso porque contraje matrimonio y nos fuimos a vivir a otra ciudad. Durante esa aventura tuve otros empleos que satisfacían mis expectativas profesionales, pero quedaba un hueco sin llenar. Mi esposo que estaba al pendiente de mi situación, me da una sorpresa maravillosa, ¡consigue trabajo aquí en Cuauhtémoc! lo que me permite regresar.
Siento que la docencia me ha hecho crecer tanto en lo personal como en lo profesional. Aunque hay días en que siento que a pesar de mi esfuerzo frente a grupo o en apoyo administrativo no ha sido valorado. Continuamente me estoy preparando académicamente y soy totalmente accesible ante las necesidades del plantel en cuanto a materias a impartir, horarios, apoyo en departamentos, etc. No puedo aspirar tan siquiera a un medio tiempo o no al menos dentro de los siguientes 5 años o mas, esta situación en ratos llega a desesperarme y me decepciono de este sistema, donde el esfuerzo, conocimiento, grados académicos no tienen el suficiente respaldo como el factor antigüedad.
Las satisfacciones que me ha dado mi profesión son muchas y se que me dará muchas mas. Me es muy grato encontrarme a mis primeros alumnos que ahora ya son egresados del nivel superior, muchos de ellos con grandes éxitos personales y profesionales.

Para mi la enseñanza es aprender a diario, es entender y comprender que es un trabajo muy digno. No se si mis mis alumnos se lleven de mi una buena o mala impresión, pero lo que si estoy segura es que se llevaran el recuerdo de una maestra cumplida, responsable y comprometida con ellos y con el plantel.

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